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miércoles, 25 de agosto de 2010

DIAS DE VERANO

Hemos estado en la playa, en la montaña, en la ciudad, en el campo, en casa, en el pueblo, y en todas partes mi bebé disfruta ya de cada segundo de vida, ha aprendido a ir ya suelto, sin la necesidad de nuestras manos protectoras que le guían a cada instante, es maravilloso verle crecer en plena libertad, cuando su pequeño cuerpo se mueve casi como el de un adulto, y quiere ir al mismo ritmo, imita nuestros gestos, y aprende a gran velocidad, es una pequeña esponja que chupa todo lo que ve y todo lo que toca.

La brisa del cambio me ha dejado un poco más relajada, me ha traído el recuerdo de que todo pasa, y que aunque duro y difícil, también ha sido un año lleno de amor y alegría, mi precioso bebé ha aprendido a besarme y abrazarme, estoy segura que antes también lo hacia, aunque yo no era tan consciente, ahora me pasa todo su amor, todo su cariño puro y transparente, inocente y limpio, y eso me da fuerzas para darle el ejemplo que se merece, para que crezca a través de mi cariño y comprensión.
El es tan hermoso, y parte, bueno si, gran parte, es gracias a la labor que he estado haciendo durante este año, gracias a mi dedicación absoluta y a mi amor en exclusiva para mi preciso hijo.
Esta es la mejor recompensa, que pueda abrazarme y besarme, y su cuerpo pequeñín me de más de lo que yo pueda imaginar, porque esos abrazos me reconfortan el alma, me calman y serenan, me recuerdan que estoy viva, y que merece la pena vivir intensamente, aunque a veces sea tarea complicada.

Juntos hemos disfrutado de todos los escenarios en los que la vida nos ha ido parando, al principio de verano, unos días de playa, allí rebozados los dos, llenítos de arena, jugamos a ser marineros de nuestro corazón, aprendió a abrazarme, a saber lo que significa el contacto piel con piel, a quedarse en mi regazo más tiempo, para disfrutar de mis latidos, y yo poder acariciar su piel joven y delicada, así pasamos en la playa los mejores momentos del verano. El agua salada, las olas, los castillos de arena, la brisa de un mar cercano, y el cansancio de vuelta a casa, dejando el rastro entre las sábanas de nuestro paso por la arena.

Pronto pasamos al campo, al pueblo, donde la libertad se apoderaba de las calles, donde sin coches se podía respirar aire puro, la piscina, el río, los niños, cualquiera era excusa para lanzar sus besos, y es que descubrimos juntos lo gratificante de regalar besos y cariño, y así entre chapuzón y chapuzón, acompañados de los que siempre están lejos, hemos compartido unos días de verano inolvidables.

Sus primeros pasos en libertad, con la inestabilidad todavía presente, pero afianzandose día a día, y llorando a cada chichón, hemos ido creciendo amándonos, sin olvidar que el calor de los días de verano, debe perdurar también, todo el invierno.

1 comentario:

David dijo...

Me encanta, me alegra tanto leer esto tan bonito....os imagino en todo lo que cuentas, tan bien con tantos detalles, que es como si os hubiera acompañado estas vacaciones. Unbesazo enorme, que te quiero!!!!