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lunes, 5 de julio de 2010

LOS CAMBIOS

Y es que con mi pequeño soy testigo de todos sus cambios, casi a cada segundo, casi a cada giro de cabeza me parece ver a mi pequeñin con un nuevo cambio, con una nueva mirada, un gesto, una sonrisa, un paso, un beso, una palabra, es la ley de la vida, ellos crecen a la par que nosotros mismos, nosotros conscientemente, ellos sin serlo todavía, pero con esa fuerza que les va llenando a cada nuevo hallazgo, a cada nuevo logro o meta, la superan sin miedo ni malos recuerdos, sólo miran hacia adelante...me asombra lo fuerte que puede llegar a ser.
Yo no se cuantas caídas habré consolado a mi niño, llantos y lágrimas que duran unos segundos, segundos que al instante recuperan para volver a intentarlo de nuevo, volver a ser capaces, y lo logran y lo superan con creces, hasta buscar una nueva meta que alcanzar.

Es esa capacidad de no mirar la caída, la que me sorprende día a día, ojala yo supiera recuperarme tan aprisa de los golpes, y poder vislumbrar un nuevo horizonte casi al instante, desgraciadamente los adultos, nos hemos llenado de miedos hasta conseguir paralizarnos a cada error, a cada mala decisión.

Antes no me costaba decidir qué rumbo tomar, ahora me estoy volviendo más y mas indecisa, y no se a que se debe, serán esas caídas que me han hecho herida y todavía no cerraron, será la influencia de lo que dirán que siempre acecha a nuestra puerta, sólo se que antes no me ocurría, y ahora siento que he perdido eso que me regala mi hijo cada día, el miedo a los cambios, a las decisiones....

Hoy me acuesto con la certeza de que los hijos llegan para ayudarnos, para restablecer nuevas conexiones oxidadas, llenas de polvo por no hacerles caso, conexiones que antes nos hacían fuertes, que nos ayudaban a luchar por un sueño, por una ilusión, por una esperanza, y hay que saber aprovecharlo, hay que saber capturar esos impulsos limpios y sinceros que mueven a los niños, para volver a encontrarlos en nosotros mismos y no temer la caída, sino temer la pasividad y la muerte en vida.

Ahora mi hijo llora, asustado por un mal sueño, por el calor que atora los pensamientos, que adormece los cuerpos, y le canto una nana, lo abrazo fuerte y le digo que le quiero, que todo irá bien, que nos es más que una pesadilla, que pasará y pronto volverá a disfrutar del aire refrescante de la noche, protegidos por las estrellas, acunados por la certeza de que mamá siempre estará cuando despierten, con eso les basta para ser fuertes a cada cambio.

Yo se que el abrazo de mi marido me reconforta en momentos de confusión, que las palabras siempre sabias de mi madre me protegen de la noche oscura, y se que en mí reside toda la fuerza que necesito para cambiar.

Buenas y calurosas noches a todos.

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