Buscar este blog

miércoles, 14 de julio de 2010

INICIAR EL DESPEGUE

Qué difícil es empezar a despegar un poquito ese pegamento, firme y solido, que nos ha unido durante 12 meses con nuestros hijos, qué difícil es pensar que no volveremos a pasar las 24 horas juntos, planificando nuestro día, comidas, juegos, paseos, y que ya no estarán bajo nuestra atenta mirada, la que vale, la que ha de ser, porque sólo nosotras sabemos lo que debemos y no debemos hacer con nuestros hijos, imagino que seguirá siendo así aunque le llevemos un ratito a la guarderia y nos planteemos volver a hacer algo con nuestra vida, laboral, intima, personal, solo que empezaremos a despegarnos un poco de esa sensación de estar unidos piel con piel, más allá de cualquier sensación esta es como un vicio, que engancha, que crea adicción, porque es hermoso contribuir al crecimiento de nuestro precioso hijo, aunque esto a veces nos asfixia, nos desborde, nos haga llorar, nos desequilibre, pero nos da tantas cosas buenas y maravillosas, y es que, si que cuesta... y mucho.

Pero, en el fondo de nuestra alma, sabemos que hay que seguir, que no podemos quedarnos paradas por más tiempo, que hay que iniciar el despegue, el salto, el paso, recuperar un poco la independencia, e incorporarlo todo a nuestras vidas, creo que no será tan complicado y que todo es empezar, es decidirse, saber que nuestro hijo fuera de nuestros cuidados, estará bien durante unas horas.

Yo amo a mi hijo, con todo mi corazón, es lo más maravilloso que me ha pasado en la vida, su embarazo fué un mundo de descubrimientos y emociones nuevas antes desconocidas para mi, que me llenaron de amor incondicional. El nacimiento de mi hijo fue el día más feliz de mi vida, su cuerpo pequeño y fragil despertó en mi un sentimiento de protección, de amor por encima de cualquier cosa, estaba enamorada de mi hijo, de mi precioso bebé, que dependía completamente de mí, ahora ese bebé se ha hecho fuerte y sano, es sociable y cariñoso, y nos queremos porque pasamos todo el tiempo juntos, uniendo nuestros lazos, pero tambien he llorado, y me he sentido perdida, ahora es el tiempo de empezar a recuperarme, y he de dar el paso, he de volver a la vida laboral y aprender a dejar a mi niñito en otros brazos, en lo que estará bien y seguro que lloraré yo más que el, pero habrá que hacerlo.

Luego encontraremos nuevos ritmos, nuevas rutinas, que nos seguirán uniendo, nos seguirán enseñando, enseñando que la vida está para que aprendamos de ella, yo se que tengo mucho que aprender de él, y el de mi, yo le enseño a vivir en este mundo, el me enseña a amar, a reir, a ser niña de nuevo, el me enseña a ser fuerte ante la adversidad, el me ensaña a soñar de nuevo, a ser paciente y tolerante, él y yo juntos contruimos puentes indestructibles, juntos nos hacemos fuertes, sin dejar de mirar hacia adelante y creer que todo es posible.

lunes, 5 de julio de 2010

LOS CAMBIOS

Y es que con mi pequeño soy testigo de todos sus cambios, casi a cada segundo, casi a cada giro de cabeza me parece ver a mi pequeñin con un nuevo cambio, con una nueva mirada, un gesto, una sonrisa, un paso, un beso, una palabra, es la ley de la vida, ellos crecen a la par que nosotros mismos, nosotros conscientemente, ellos sin serlo todavía, pero con esa fuerza que les va llenando a cada nuevo hallazgo, a cada nuevo logro o meta, la superan sin miedo ni malos recuerdos, sólo miran hacia adelante...me asombra lo fuerte que puede llegar a ser.
Yo no se cuantas caídas habré consolado a mi niño, llantos y lágrimas que duran unos segundos, segundos que al instante recuperan para volver a intentarlo de nuevo, volver a ser capaces, y lo logran y lo superan con creces, hasta buscar una nueva meta que alcanzar.

Es esa capacidad de no mirar la caída, la que me sorprende día a día, ojala yo supiera recuperarme tan aprisa de los golpes, y poder vislumbrar un nuevo horizonte casi al instante, desgraciadamente los adultos, nos hemos llenado de miedos hasta conseguir paralizarnos a cada error, a cada mala decisión.

Antes no me costaba decidir qué rumbo tomar, ahora me estoy volviendo más y mas indecisa, y no se a que se debe, serán esas caídas que me han hecho herida y todavía no cerraron, será la influencia de lo que dirán que siempre acecha a nuestra puerta, sólo se que antes no me ocurría, y ahora siento que he perdido eso que me regala mi hijo cada día, el miedo a los cambios, a las decisiones....

Hoy me acuesto con la certeza de que los hijos llegan para ayudarnos, para restablecer nuevas conexiones oxidadas, llenas de polvo por no hacerles caso, conexiones que antes nos hacían fuertes, que nos ayudaban a luchar por un sueño, por una ilusión, por una esperanza, y hay que saber aprovecharlo, hay que saber capturar esos impulsos limpios y sinceros que mueven a los niños, para volver a encontrarlos en nosotros mismos y no temer la caída, sino temer la pasividad y la muerte en vida.

Ahora mi hijo llora, asustado por un mal sueño, por el calor que atora los pensamientos, que adormece los cuerpos, y le canto una nana, lo abrazo fuerte y le digo que le quiero, que todo irá bien, que nos es más que una pesadilla, que pasará y pronto volverá a disfrutar del aire refrescante de la noche, protegidos por las estrellas, acunados por la certeza de que mamá siempre estará cuando despierten, con eso les basta para ser fuertes a cada cambio.

Yo se que el abrazo de mi marido me reconforta en momentos de confusión, que las palabras siempre sabias de mi madre me protegen de la noche oscura, y se que en mí reside toda la fuerza que necesito para cambiar.

Buenas y calurosas noches a todos.